Al Destino (vuelta en camión)

39 grados de Grupo La Loma

A la sombra de una palmera, comenzamos a bromear a Huguito. En complot, unos cuantos, pensábamos dejarlo a merced de los pájaros carroñeros que gritaban a lo lejos “¿Ya está listo el pollo?” Delirábamos con un asadito, un vinito…

Huiguito, con su fuerza sacada de no se donde, continuaba camino. Con sus necesarios descansos.

Marcela y Cecilia, hacían lo propio, aunque Cecilia no pudo más. La primer baja. A la altura del regimiento, llegó el auto azúl que la llevaría quien sabe a dónde, porque desapareció.

Aún faltaban unos 20 kms. Fue un día como recuedo uno, con muchísimo calor y poca sombra en el camino.

Éramos el grupo de cola, formado por Luis el pela, Julio, Hugo, Cecilia, Marcela y yo.

Llegamos, a pedaleada medida.

En la reserva, comimos en la entrada y después fuimos al río.

De regreso, elegí volver en bici. Estábamos Hermes, Javier, Enrique, Luis Nazareno, Gabriel, Julio y yo.

El ripio del principio, con su conocido serrucho y colchones laterales de conchilla suelta, hicieron que nos distanciáramos un poco al principio y bastante al final. A unos pocos metros del regimiento, comencé a sentir una sensación de calambre en una pierna que se acentuaba a medida que continuaba pedaleando. Al rato, lo siento en la otra pierna y entonces sí, tuve que parar. Me compuse y seguí hasta que me encontré con los chicos que me estaban esperando. Al detenerme, mis piernas parecían explotar, los músculos estaban contraídos y tuve que hacer fuerza con los brazos para flexionar la rodilla, pero no podía llevar la pierna hacia atrás porque los calambres eran adelante y atrás.

Ya compuesto otra vez, continuamos hasta la plaza de Magdalena donde descansé un rato. Partimos entonces. Tomé la punta y comencé a darle. Un poco más y otro poco. Ya estábamos en los 30 kms/h. Al rato pasa Enrique adelante y lo sigo, manteniendo la velocidad. Unos minutos después, aparece Gabriel, quien aprovechando mi condición de inválido, se estira hasta los 35 kms/h, pero con Enrique nos imantamos. Continuamos un rato y aflojamos un poquito. Al rato, aparece Luis Nazareno, y me doy cuenta que nos habíamos distanciado bastante del resto.

Continuamos los cuatro un rato, pero en un momento, ya no podía mantener el ritmo y le dije a Enrique que yo aflojaba y que continúen, que me quedaba con los que venían atrás. Después veo que se queda Gabriel y siguen Luis y Enrique adelante que se van perdiendo…

Ya sobre un ritmo mucho menor, me alcanza Hermes que, intentando acompañarme, desiste por mi baja velocidad. Entonces los calambres vuelven y tengo que bajar más el ritmo. Me pasa Javier y ya solo quedaba Julio.

Habíamos hecho unos 15 kms así desde Magdalena. Cuando me alcanza Julio, que venía también despacio, continuamos juntos. En un momento paramos a tomar agua y yo a estirar y, faltando un kilómetro para el paraje El Pino, decido desistir en mi intento de llegar a La Plata.

No tenía tarjeta en el celular y Hermes no podía comunicarse con Luis, así que quedé confiando que Luis lea en mensaje de texto a tiempo que le mandó Hermes. Los chicos se fueron y quedé en el paraje.

Pensando…. “ ¿Y si Luis no lee el mensaje y el camión pasa y no me ve?” El almacén no tenía tarjetas, en Magdalena tampoco… Tomé mi bici y continué solo. Hice unos 15 kms. cuando me suena el celular “Luis! Estoy en la entrada a La Balandra!”. Una hora más tarde llega el flete…

Terminé con 131 kms.
Estoy vivito, con algunos dolores, pero nada desconocido, ya pasé por esto (o te hacés ciclista o te hacés ciclista… qué tal el asiento nuevo Gabriel??)

Las gracias son interminables: a todos siempre.

El puñal que me clavaron cuando sibí al camión es la revancha que viene (“Matías! se me cayó un ídolo…”) jaja

El Grupo La Loma es así: con Hugo y Cecilia primero, conmigo después… ya les va a tocar…

Saludos

Jaun Matías

2019-11-05T14:16:39+00:00 25 febrero, 2007|