Chascomús con alforjas

Crónica de un viaje con alforjas

El sábado 23 a las 7.30 am emprendí mi primera “salida con alforjas”. En la YPF de 131 y 44 me encontraría con un grupo de treinta y pico de casi desconocidos que, a poco de pedalear, no sólo dejaron de serlo, sino que comenzaron a tornarse entrañables. Cada uno con sus características propias dándole cuerpo a un grupo en el que prima el compañerismo y la solidaridad.

Luis en esta historia es un capítulo aparte, el grupo tiene su impronta. Alguna vez leí que: “La tarea de un líder es llevar a su gente de donde está, hasta donde no haya llegado jamás” y esto se ajusta perfectamente a Luis que con su mirada amable cuida a cada uno y cohesiona al grupo. Recuerdo que volviendo, en la parada cerca de 44, Marita radiante le contaba a Luis de su satisfacción por “haber podido”.

La salida fue completa, la frase que me dijo Julito lo resume bien No te podés quejar. En una sola salida tuviste años de ciclismo concentrados. ¡Y fue así!, desde el Sol calcinante de la ida hasta la copiosa lluvia del regreso. Acampar bajo un cielo donde no parecía haber lugar para una sola estrella más, hasta dormir la noche siguiente rogando para que el viento no se llevara la carpa y compartir la experiencia de varios de un piso lleno de agua en la carpa.
Lo que se mantuvo constante fue el compartir, las risas y los chistes a cargo de Fernando, disfrutando de la parrilla comandada por Guillermo.

A la ida tuve problemas: me insolé con todos sus síntomas (mareos, náuseas, disnea y un terrible dolor de cabeza). La ayuda no se hizo esperar. Rosa con ibuprofeno, Enrique ayudándome a seguir cuando la velocidad descendía cada vez más. Todos ofreciendo líquido o dando alguna palabra alentadora. Sin embargo eso no alcanzó (cada vez me sentía peor), a pesar de mi obstinación por continuar Julito (“San Julio”) me dijo ¡Basta!. ¿Tenés una cámara?… Después de anudar dos cámaras y atar las bicis empezó a pedalear por ambos. Ya casi llegando al camping (donde tal como dijera Norma el agua caliente de las duchas “es un mito urbano”) no podía mantenerme en la bici, todo me daba vueltas, la cabeza me explotaba. Así que los últimos 5 km fueron con Julito en una camioneta que solidariamente se detuvo.

El regreso fue con un gran susto. La otra Cecilia se cayó sobre una camioneta, partiendo el casco con el golpe. Policía y ambulancia. Miedo y consternación. El alivió regresaría cuando la vimos salir caminado de la guardia del Hospital de Romero sin lesiones graves.

Amigos y familiares se sorprendieron con mi respuesta al: “Me imagino que después de eso nunca más!!”, porque claro que sí, fue una experiencia maravillosa el viaje a Chascomús.

Así que GRACIAS a cada uno de ustedes.

Cecilia Castelluccio

2018-09-28T16:48:08+00:00 26 noviembre, 2013|