Domselaar y Brandsen al calor

Relato de Edith

Hola a todos,

Como acostumbramos nuestro punto de encuentro fue en la estación de servicios de 131 y 44. un horario nuevo y fresco 7.30 horas., con mucho entusiasmo y euforia emprendimos la salida, que por cierto el ritmo era bastante rápido, así llegamos al encuentro de Rodolfo, donde descansamos unos segundos, y pasamos por un puente improvisado hecho con tres troncos, que se movía un poquito y el equilibrio fue muy importante. Luego seguimos hasta el rincón donde los integrantes más jóvenes del grupo se quedaron. Y así pasamos la ruta 2, y llegando a la ruta 53 donde tomamos unos mates con Rafael y el luego emprendió la vuelta. Ya recuperados por el ritmo que llevábamos, y el sol ya se estaba haciendo notar llegamos a Domselaar donde clavadas las 12 del mediodía almorzamos, y por supuesto nuestro gran amigo Néstor durmió su siesta después de dicho almuerzo, y nuevamente emprendimos nuestro viaje y así empezó la aventura donde nos encontramos con una cuesta donde muchos la subieron de una, y donde pocos no nos animamos, llegando así a un puente viejo, re viejo sin utilidad alguna, donde las vacas amigas de Juanjo no podían faltar, pero esta vez el dialogo fue bueno por que ninguna se molesto, hasta nos dejaron sacar la foto grupal y ni cuenta se dieron.

Llegamos a Brandsen donde varios de nuestro compañeros, venían pinchando mal, Walter tuvo el lujo de pinchar antes de cruzar una calle, y después de cruzar la misma, eso fue genial, lastima que el calor ya estaba apretando. Y otro compañero no pudo terminar la travesía ya que su eje no resistió.

Nadie sabia que en este tramo venia lo mejor, llegaba la aventura y la sorpresita de Matías, subimos a las vías donde el pastizal llegaba a la altura de metro metro largo, no miento, fue pesado el pastizal era espeso, no estaba claro el camino los mosquitos ya molestaban, nosotros ya no sabíamos donde estábamos y las caídas eran una tras otra, el calor y la temperatura llegaba a 50 grados sin mentir, de las cantimploras salía humo de lo caliente que estaba el agua, y así pudimos llegar a Gómez después de hora larga que estuvimos en las vías, con los pastos por arriba de la cabeza, alambres sueltas por todo lados, plantas con espinas las cuales me acariciaron y en forma mi brazo. Y después de un descanso muy merecido, después de habernos recuperado, después de emparchar algunas cubiertas pinchadas, y después de unos ricos mates, emprendimos la vuelta a casa, ya cansados, insolados, todos rojos por el sol, pero contentos, , yo por lo menos pensando y alegrándome por que no estoy sola en todo esto, y preguntándome que hacia con 39 grados de calor a pleno mediodía en las vías del tren, con que necesidad, y mi respuesta fue, estoy viva y loca, y muchos mas junto conmigo. Y así termino la aventura de este domingo, que fue imperdible y fabulosa, espero que con este relato hayan podido disfrutar como disfrutamos los veinte cinco locos que fuimos.

2019-09-17T19:48:07+00:00 17 enero, 2010|