Quebrada Chilena

|

La noche estaba fresca pero invitaba a dormir afuera. Así lo hice y perdí la conciencia con el arrullo del río que caía hacia el pacífico y el brillo de las estrellas armonizado  con la luna, que iluminaba, sin encandilar

Al despertarme, tenía una ventaja sobre el resto: todos estaban con sus carpas mojadas, aireándolas y yo, listo para salir a pedalear en la serpenteante ruta plagada de paisajes multicolor y  un desnivel que permitía apurar el tranco sin ninguna dificultad.

Luego de un rato, llegamos a la cascada del indio, con su imponente  chorro de agua cayendo al vacío. 

Realizada una tranquila caminata por el parque, continuamos nuestro camino en plena campiña chilena, al tiempo que pensaba que mientras más bajemos, más dura será la cuesta siguiente. 

Así fue como llegamos hasta Curacautín, punto a partir del cual comenzaría nuestro ascenso hacia el interior de la cordillera. 

Allí  nos reagrupamos, aprovechamos a comprar víveres, comer algo rápido  a la vera del camino y volver a partir. 

Recuerdo muy bien que dudaba en la cantidad de comida a comprar, porque no quería andar con tanto peso. También, viene a mi memoria que esas compras las hice junto con Augusto, ya que por la noche me tocaba hacer arroz a la “campamentera” : a la noche, lo comes caliente, al otro día, será frío, en la carretera.  

Siendo más o menos las dos de la tarde y  observando que tenía señal de celu, mandé mensajitos a mi familia, avisando que a partir de ahí,  estaría como mínimo,  un par de días sin señal.  

El fresco de la mañana se convirtió en calor de tarde veraniega, por lo que nos desprendimos de los abrigos y comenzamos a pedalear hacia arriba, en compañía de esos insufribles bichitos de la naturaleza: los tábanos, al mismo tiempo, otros insufribles “amigos” del camino, los autos y las camionetas que pasaban a velocidad de rally cubriéndonos de polvo mezclado en transpiración por el esfuerzo que empezaba a hacerse sentir.  

Paramos para reagruparnos, tomar algo de líquido, dejar algo de líquido y seguir…  

Tengo la sensación de haber estado fastidioso por el calor y tanta tierra, por lo que realmente deseaba llegar para descansar y disfrutar las bondades del campamento. 

Sin embargo, el hombre propone y Dios dispone y primer lección de vida:  nunca te relajes hasta haber finalizado el viaje. 

Mi memoria recuerda haber visto a Marcelo Toscani, en lo alto  de una pequeña subida intentado aprovechar la señal de celu; le pregunto si todo está bien, me dice que sí y sigo y bajo y no se qué paso, pero de repente siento que mi bici se descontrola.  

Yo, que evidentemente  no venia con todas las luces puestas y estaba más preocupado en llegar, que en esforzarme por hacerlo, me pareció que la bici se me escapaba de las manos, entre el ripio suelto y sin pensarlo frené y creí haberla controlado, pero un instante después, otra vez la sensación que me iba a caer y cumplí, y cómo cumplí ¡!! 

En una pequeña bajadita me caí y como siempre que uno se cae, lo primero que intenta es que no lo vean en ese trance, así lo hice: rápidamente, aún con dolor, me levanté y traté de poner la bici a lado de la banquina.   

En ese momento me di cuenta que mi mano estaba lastimada, pues cuando intenté hacer fuerza con ella, no pude, la miré y estaba hinchada y algo golpeada. 

Enseguida llegaron mis compañeros, me preguntaron qué me pasó, les respondo lo obvio y junto con ellos, tratamos de pensar en frío, cuál sería la mejor solución, ya que estábamos lejos de la ciudad, la mano inutilizada y se hacía necesaria la atención médica.  

Luis  saca una muñequera, me la coloca en la zona lastimada para inmovilizarla y justo en ese momento, el destino que esta vez, me ayuda: pasa una camioneta y nos lleva derechito, a velocidad de ambulancia, hasta el hospital de Curacautín ¡!! Hola Curacautín ¡! Viste ¿ me gustó tu nombre y me vine a pasar unos días junto a vos. 

 Llegamos al hospital y con cordialidad de pueblo, me atienden, me lavan las heridas, me sacan una placa y, con el diagnóstico de fractura de radio, me ponen un yeso que cubría todo mi brazo y mano. Recién ahí tomé conciencia que era el final de mi travesía.  

Pensar, que mientras viajábamos, aún mantenía la esperanza de seguir y le dije a Luis que mi intención era acompañarlos, del modo que sea, pero cuando el médico me dijo que tenia que volver a Argentina cuanto antes, sentí que se me venia todo abajo. 

Qué importante es,  en un momento así, tener alguien cerca que nos acompañe en el dolor ¡!!  Y allí estaba mi amigo, dándome  ánimos, algunas veces en silencio, otras con la palabra, otras con la ayuda física. Segunda lección de vida: El dolor, es más soportable cuando puede ser compartido. 

Se terminaron las curaciones y regresamos al camping para buscar mis pertrechos, bici incluida.  

Volver al camino hecho con la bici, ver el lugar donde me caí, sentir que con un poquito mas de atención no hubiera pasado nada, me dejaba sin consuelo ¡!! 

Pero bueno, no teníamos  mucho tiempo que perder pues quien nos había llevado hasta el camping, nos estaba esperando y debíamos armar mi equipaje completo para emprender mi retirada.   

“Debíamos”¿  “aramos dijo el mosquito”, ya que fueron mis compañeros quienes hicieron lo que yo no podía hacer, hasta dejar la bici perfectamente embalada, las alforjas convertidas en bolso  de turismo, junto con algunos víveres. 

También recuerdo ahora que con Teresita, se nos  había hecho rito, que al terminar cada etapa, nos palmeábamos las manos en son de felicitaciones, alegría, pero, no le pude dar a Tere la quinta palmada que quedó allí, en el final de la etapa que no pude concluir por solo unos pocos Km. ¡!!!. Perdón Tere ¡!!, gracias Tere ¡!!! … 

Regresamos con Luis al pueblo, el señor que nos llevaba con su chata, nos aconsejaba sobre hospedajes, precios, posibilidades de conseguir transporte de regreso, en fin un montón de elementos que nos permitieron empezar a tomar decisiones para concretar mi vuelta a casa. 

Conseguimos un hotelito humilde pero prolijito, cuidado con la eficiente atención de sus dueñas, tres generaciones de mujeres chilenas.  

Una vez instalados, nos dimos un baño y empiezo a darme cuenta que no podía contar con uno de mis brazos!! Lo que en otros momentos hubiera sido cosa de chicos, se transformaba en penuria!!.  

En determinado momento, Luis me pidió los “derechos“ de mi seguro de salud, quiso leerlos y cayó en la cuenta que no tenía sus anteojos y yo no podía abrir el cierre de mi riñonera donde tenía los míos, así que, una vez más, tuve que acudir en su ayuda para abrirla y así, él poder extraerlos para leer ridículas cláusulas legales que no me sirvieron de nada. 

Lo de la riñonera fue fácil, pero no quieran saber y lo dejo para la imaginación del lector, cuando no pude abrir el cierre de mi pantalón… 

Luego de una reparadora y esforzada ducha, tratando de no mojar el brazo de yeso, decidimos salir rumbo a la estación de micros para ver la posibilidad de viajar esa misma noche … Pero nada, tampoco había muchos lugares que preguntar ni muchas ofertas  que consultar, eh?… Lo más cercano, era pasajes para el martes y yo , que para ese momento ya  tendría que estar en Argentina, me puse muy nervioso pues veía que la cosa se complicaba aún más. 

Por la noche, no teníamos muchas ganas de comer, así que compartimos lo poco que teníamos y a dormir ¡!! No sé cómo, pero la verdad que dormí muy bien. 

Al día siguiente, nos levantamos y sentía algo parecido a un gusto pastoso en mi cuerpo como si me hubiera dado un atracón, pero casi no había comido nada en el día anterior ¡!! Cómo que nada ¿? Me comí flor de porrazo¡!!!!!!  Y mi cuerpo lo estaba facturando. 

Pero bueno, había que sobreponerse y pelear por un pasaje!!!
Tercera lección de vida: No importa cuántas veces te caigas, lo verdaderamente importante, es poder levantarse! 

Caminamos hasta la terminal de buses a ver si podíamos conseguir algo, aunque sea parado ¡! Pero nada, metía lastima con mi brazo  de yeso pero nada!!  

Sin embargo, luego de tanto insistir, tanto pedir, tanto rogar, hallamos la recompensa:  

Un pasaje a Neuquén para el día siguiente!!  

Estando todo encaminado, le pido a Luis que aproveche el día y se vaya hasta el camping con el resto del grupo para continuar con la travesía.  

A mi, ya me había dado una mano, je, literalmente hablando! De incalculable valor . 

Me despido, me uno a él con un fuerte abrazo y  a caminar por la placita hasta sentarme en un banco que tenía sombra. 

Seguía sin comprender, cómo me había caído!!! y, pese a que sentía la compañía de mis amigos de travesía y el calor de mi familia, en ese instante , me encontré con una inexplicable sensación de soledad ¡!!!! No había modo de quitarme el desconsuelo!!  

Quién iba a imaginar que una mañana de enero iba a estar llorando solo, en el banco de una plaza de pueblo, enhebrando mil situaciones que me pasaron en estos días y todas las veces que en mi vida había sufrido por otros motivos. 

De repente, empecé a sentirme mejor y junto con ello una especie de “alivio de luto”, como dice Sabina, me fue llevando a la sensación que ya había tocado fondo en esta travesía y que, a partir de allí, comenzaría a ir para arriba, como lo estaban haciendo mis compañeros en la continuidad de su duro ascenso al paso de Icalma y finalizar así, el Doble Cruce de los Andes, año 2011. Cuarta lección de vida: Nuestras raíces, son apoyo para superar los obstáculos del camino. 

Pareciera ser que todo esto abrió mi apetito y decidí comer algo. Fui hasta el hotelito, e hice un inventario de lo que tenía: tres panes, cuatro fetas de queso, dos de jamón, tres ciruelas, dos pelones, un paquete de galletitas, frutas secas y una botella de agua.  

Con eso tenía que tirar hasta el dia siguiente,  imaginando que en el micro me iban a dar algo de comer!! Iluso de m¡!  Por eso, cómo me salvaron las almendras y las nueces que casi dejo en el camping!!   

Aquí, ocurrieron  un par de situaciones, ahora risueñas, pero en aquellos momentos, no lo fueron tanto.  

Por ejemplo, quise mandar un mensajito a mi casa para que me acrediten dinero en el celu, pero me habìa quedado sin baterìa!!. Quiero cargarlo y el enchufe no iba con el mio, pregunto por una ferreterìa y no encuentro respuesta.. Por fin, consigo que un amigo chileno me arme un improvisado enchufe y cargué el celu.   

…hice un inventario de lo que tenía: tres panes, cuatro fetas de queso, dos de jamón, tres ciruelas, dos pelones, un paquete de galletitas, frutas secas y una botella de agua.

Qué más puedo pedir? estoy rebién!! Conseguí carga y crédito y justo me entra una llamada de larga distancia… quien era !!! ¿ ,  la mina del seguro que me llamaba para preguntarme si estaba todo bien y contarme las bondades del seguro, al tiempo que mi poca carga de crédito se iba desvaneciendo y quedarme otra vez en la vía, con  cero crédito ¡!!!Sin comunicación, pero con hambre, armo el almuerzo y dado que comer solo entre cuatro paredes, no me ilusionaba mucho, pregunto  dónde hay un río o un arroyo como para hacer un picnic….

 Me dicen “ahicito nomás”¡!!, que se convirtió en un par de Km.  Que tuve que caminar con mi pesado brazo y mi camisa como sombrero pues no previendo que el tramo iba a ser tan largo me había animado a ir con la pelada a flor de piel ¡!!

 Luego de unos  Km. de inesperado trekking, no se veía un arbusto ni por casualidad y el río se reía de mí pues no estaba por  ningún lado !!, hasta que cansado de tanta caminata con el sol bien de arriba, encuentro un minùsculo arroyo donde decido almorzar.

 Al regreso, me propongo disfrutar de una siesta pueblerina, cosa que hago a total discreción ¡!.

 Me despierto con música popular que venía de lejos, me intriga de donde ¡!!, me levanto y voy en su búsqueda. Era una fiesta popular, así que me integro al evento disfrutando del espectáculo, al tiempo que intercambio charlas con los parroquianos. 

Llega la noche y me voy a cenar a mi piecita: me esperaba una feta de jamòn, otra de  queso y una ciruela. Entre tanto, del comedor, venìa un olorcito a fritantanga capaz de despertar apetito de un  faquir ¡!!! Pero, ahì estaba yo con mi modesta cena. 

Por suerte, la caminata de la mañana  me había dejado bastante cansado y el sueño no se hizo esperar. 

Llega el amanecer, armo todo y reviso bien la habitación, cosa de no olvidar nada. Meto la cabeza bajo la cama y, oh sorpresa!!!!!!!!!!!!! Encuentro una botella de leche chocolatada!!!!!!!!!!!!!!!! Tuve mi desayuno, me despedì de la gente del hotel y caminé rumbo a la estación de autobuses de Curacautín. 

Subo al micro y con la última línea de señal, de carga y de crédito, logro mandar un escueto: ..“estoy  de regreso, lqm”… 

Gracias, Luis por haberme bancado del modo que lo hiciste, ¡gracias querido Grupo La Loma!

2018-01-22T16:25:14+00:00 18 enero, 2011|