Ranchos – General Belgrano

Bueno estos locos me han dejado todo el peso del relato a mí, que no soy muy bueno para las líneas pero vamos a hacer lo mejor que pueda y les contare lo lindo que la hemos pasado en el viaje de 3 días en Ranchos y Gral. Belgrano.

Todo comenzó en el punto de encuentro una mañana de -3° (imagínense), LALALALA que friito que hacía. En el punto de encuentro, ajustamos algunas cosillas en su lugar, nos organizamos y esperamos la llegada de todos y partimos rumbo a Ranchos.

A los pocos minutos tuvimos al única pinchadura de todo el viaje (una suerte milagrosa) y el sol iba iluminando cada vez más el hielo de la gran helada que había caído en la noche. Una hermosa mañana nos quedaba por delante. La temperatura fue aumentando poco a poco y el viaje ya se iba haciendo cada vez más confortable. (En las fotos verán el hielo de los charcos y la helada)

La hermosa mañana nos regalaba un paisaje de arboledas y verdes campos al costado del camino y entre charlas y charlas llegamos al Brandsen, donde hicimos nuestra primer parada para almorzar y recobrar un poco de energía. En la mitad del almuerzo llega el Pela que había tenido un problemita con la válvula de la cámara y no llego al punto de encuentro y se nos unió en el almuerzo. Para el placer de los presentes, el sol calentaba y templaba los cuerpos de todos, algunos dormitaban haciendo al sobremesa, otros estirábamos y nos preparábamos para volver al ruedo. Por delante nos esperaba Ranchos.

Ya en camino y con un pedaleo parejo y constate, me encuentro con Augusto, un tipazo con el que entre charla y charla sin darnos cuenta nos separamos del grupo, tanto que en un momento dijimos ” donde estamos”! Habíamos cruzado ruta 29 y estábamos babeando por tomar un rico mate. Nos encontramos con Ernesto, que creía que por el camino que estábamos llegábamos bien y si no le herró en nada. A lo lejos se ve la toma de agua del pueblo y en pesamos a preguntar donde quedaba el Hostería de Susana. Para nuestra buena suerte nadie la conocía, lo que hacía más lejano el encuentro con el grupo y con el tan preciado mate. Imagínense lo perdidos que estábamos que cuando le preguntamos a una señora si conocía la Hostería de Susana nos dice, es ahí en la esquina. La gran espera había terminado y encontramos el lugar y al grupo.

Impecable el Hostal de Susana, muy lindo por donde lo miraras, muy amable y cálida la Señora Susana.

Con la carpa ya armada y después de tomar unos buenos mates que nos sebo Norma, vi la hermosa parrilla que el lugar tenia y en la que obvio tenía que cocinar algún asadito o algo. Preguntamos si la podíamos usar y con el aprobación de sus dueños organizamos un asado para el segundo día de hospedaje, cuando volvíamos de Gral. Belgrano.

Ya la tarde caía y teníamos que darnos un baño y prepararnos para la noche, donde fuimos a cenar al restorán del complejo deportivo de Ranchos. El dicho dice ” Panza llena, corazón contento” y a dormir para recobrar energía para el largo día que nos esperaba.

Con una noche fría y tapado hasta la nariz, el perrito que teníamos en el terreno lindero a donde estábamos nosotros no paraba de ladrar, obvio que le ladraba a la nada misma pero el perrito ladraba y ladraba, pero tanto ladraba que el Gallo que estaba enfrente cacareaba como diciendo ” che loco callate un poco, deja dormir” por momentos era insoportable hasta que el cansancio gano y no escuche nada más. A las 6 en punto como un despertador el Gallo empezó a cantar y obvio que era inevitable seguir durmiendo. Pero estaba muy lindo para seguir durmiendo porque afuera de la carpa todo estaba cubierto de la helada que había caído. Manso frío hacia y no quedaba otra que tomar coraje y salir. Pero el refrán dice que “no hay sacrificio que no tenga su recompensa” y si, a los pocos minutos de salir de la carpa un riquísimo desayuno nos esperaba con pan casero que era una delicia al igual que la mermelada de naranja que hacia la Señora Susana.

El segundo día había comenzado y nos esperaba Gral. Belgrano, con 2 integrantes nuevos Norma Ayala Gauna y Augusto Santiago Cerruti. Otra vez a tomar coraje y pedalear en el frio de la mañana que poco a poco fue levantando la temperatura. Llegamos a Gral. Belgrano al mediodía pasamos por la costanera, las termas y era hora de almorzar y cuando hay hambre hay que parar.

Después rico almuerzo dimos una vuelta por la plaza y la vieja estación de tren y comenzamos el regreso a Ranchos, con un sol tibio que hacía más linda la tarde.

Con el atardecer a la izquierda llegamos a Ranchos, pasamos por la carnicería donde teníamos encargada la carne, y sin dar vueltas el asador (quien les habla )puso manos a la obra y despacito el fuego fue haciendo lo suyo, regalándonos ese olor característico. ( las fotos hablan por sí solas) y por suerte se escuchó ” un aplauso para el asador” y dicen que cuando eso se escucha es porque estaba rico. Después para terminar de coronar una noche hermosa, chocolate, café y algún aguardiente para bendecirlo, y entre charlas y charlas….. Llego la hora de ir a descansar. El día estaba llegando a su fin y nos quedaba por delante el regreso a nuestra querida ciudad.

Otra vez nuestro despertador natural ( el gallo ) a las 6 AM comenzó a cantar y era hora de levantarse y armar el equipaje, luego el desayuno y con todas las energías en punto máximo partimos diciéndole adiós al querido Hostal de Susana que tan bien nos hospedo.

La mañana parecía pintada un cielo celeste con alguna nube por allá en el horizonte y el sol que calentaba cada vez mas, nos daba indicios de que el regreso iba a ser muy confortable y tan confortable fue que la única parada que hicimos fue para almorzar en Brandsen.

Solo quedaba la mitad y entra bromas y charlas la llegada a La Plata fue exitosa.

De más esta decirles queridos compañeros de viaje, muchas gracias a todos por el aguante, por buena onda, fue un viaje hermoso e inolvidable. Nos vemos!!!

Guillermo Carrizo

2018-02-09T15:48:42+00:00 22 junio, 2013|