Un árbol, la ricerca dei Ponti y algo más…

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Palabras de Claudia:

Fui elegida para transmitir mi sentir en lo que ha sido una intensa y divertida salida…

La meta fue encontrar un puente escondido y luego llegar al Árbol de Cristal. Debo decir que para mis cortos trayectos de “principiante” en el grupo, donde repetí dos veces consecutivas salida a Correas y Complejo Chimangos, esta vez sentí la adrenalina de la aventura… y así fue quedando atrás la promesa de “una salida tranquila de 48 km” ¡Uff menos mal que era para principiantes!
Hubo de todo un poco, en principio la 25 nos llevó a Hernández, Gonnet, City Bell, y mejor dicho, nuestro rodar en las bicis, por supuesto, era sólo el inicio de una salida ¿tranquila?

Luego de las laberínticas calles, perdí la orientación y Gonzalo aseguró que estábamos en Arturo Seguí. ¡Y si! Seguir había que seguir, hacia un puente escondido, que un grupito de veteranos (digo “veteranos” no por la edad, sino por los km recorridos con La Loma) estaba empecinado en descubrir, previo transitar por sinuosos senderos; hubo tierra, piedras, pozos, densa vegetación, con arbolitos de intensas púas que nos daban la bienvenida. Hasta que por fin, imponente y majestuoso, entre el intenso verde, allí estaba, el viejo puente de un ferrocarril… sus fierros angostos invitaron a algunos valientes a caminarlos , todo sea por la foto con la bandera del grupo.

Ahora hay que destacar que el que se llevó todos los laureles, fue Felipe. Con apenas 11 años nos enseñó a varios fortaleza y aguante, sin queja alguna.

Seguimos cortando camino por la vegetación, hasta que un tronco enorme nos hizo un piquete, y allí han tenido que arremangarse demostrando músculos y fuerza, algunos caballeros , que debieron levantar una a una todas las bicis del grupo… Así pudimos continuar nuestro pedaleo con intervalos de trekking, por parte de algunos…

El viento en contra se hizo sentir por el Centenario, y los rezagados éramos alentados por Ponti, que cerraba el grupo.
Mientras tanto la pregunta que nadie se animaba a expresar era: ¿y el árbol donde está?
Costó encontrarse en los senderos no señalizados, y parece que “el que sabía” y era nuestro GPS, Agustín, se adelantó tanto, con un grupito , que los que veníamos atrás, decidimos arriesgarnos por un sendero diferente y la enseñanza fue que todos llegamos al mismo sitio, al tan querido, Árbol de Cristal.

Nuestros estómagos ya pedían comida, y allí comenzó un gran despliegue de empanadas, pizzetas, sandwichitos, y pastafrolas, como también pastel de banana y torta de frutos rojos, para cantarle el Feliz Cumple a Martín, que sopló la velita, frente al

imponente árbol.

Aparecieron los guías del árbol, relatando el motivo de su denominación en las noches de Luna llena, y hasta se atrevieron a lamer un poco de su resina… y después surgió la duda.
Foto grupal, casi invitamos a los boy scouts a sumarse. Retirada para regresar. Mejor ni recordar las palabras de alguien: “Qué buena salida y a pesar de lo complicado del recorrido nadie pinchó”. Bueno, demás está decir: lo decretó y al poco tiempo cae la bici pinchada. Mientras varios acudían a ayudar , otros intentaban atravesar un puente que estaba roto, y otros inventaban un paso por el agua con un tronco putrefacto, con la cámara de fotos en manos para que ese momento quede registrado, ninguno cayó al agua, pero algunos cruzaron con mucha seguridad, por esa pasarela, haciendo alarde de sus habilidades con la bici, y otros cruzamos casi temblando para no ser el protagonista de la foto… y así una vez más todos llegamos a la otra orilla. Rezamos a una capilla de la Virgen Robada, al menos yo, para que a la vuelta aflojé el viento en contra, en este día soleado con agradable temperatura para todo este periplo.

Qué más puedo decir: queda agradecer por los momentos compartidos en esta hermosa jornada de domingo y voy a terminar mi relato con una frase, que nos dice que las barreras son solo mentales. “Más allá de los límites esta nuestra vida

¡Gracias Grupo la Loma!

Claudia Barbetti

2019-11-25T15:02:15+00:00