
PALABRAS DE GUILLERMO
8 de enero, día 1, 1000 km en auto. Viaje de La Plata hasta General Conesa en Río Negro.
Fue un poco más de 1000 km en 12 hs. de viaje. El camino lo hicimos esquivando lo más posible la ruta 3, usamos la 205, la 51, la 22 y la 251. Pasamos bordeando Sierra de la Ventana con un paisaje espectacular.
A unos 50 km de bahía Blanca pasamos por un parque de generadores eólicos de Pampa Energía. Entrando a Conesa paramos en el parador Patagonia un lugar que se ve bastante nuevo, aunque con muchos caños de hierro a los costados del camino interno que son una trampa mortal para quien ingresa en auto e intenta maniobrar con esos pitutos salientes.
9 de enero, día 2, 1060 km en auto.
Salimos de Conesa con decisión hacia Esquel, iba detrás de Andrea y Martín que iban más rápido, tardé en alcanzarlos y lo hice en el momento que aparecieron los primeros camiones de tapón en el camino. En un momento los pasé mientras iban pegados a un camión, no me vieron pasar y ese fue el problema. Cuando llegaron al cruce del camino a Valcheta pararon a esperar unos minutos, pero dejaron las luces encendidas y el auto luego no les arrancó. Sin señal de celular y fuera del alcance de los handys (que tienen alcance visual solamente) no nos pudimos comunicar. Al llegar a Sierra Grande casi paro a esperar y estirar las piernas en la YPF, pero tenía combustible para seguir y no estaba cansado, al pasar Sierra grande entraron unas llamadas perdidas que no pude responder, por lo que seguí después de intentar comunicarme; imaginé que venían justo detrás y que paraban un rato en Sierra Grande, pero no era así. Al llegar al mediodía a Madryn paro en la YPF de la ruta y ahí sí nos comunicamos, estaban tratando de conseguir una batería, un domingo en la ruta es algo complicado. Afortunadamente encontraron a alguien que les arranó el auto permutando las baterías y salieron para Madryn. Como tenía tiempo de espera aproveché para ir a la playa, almorzar una buena ensalada con papas y hasta darme un refrescante chapuzón, en un mar extrañamente tibio. A las 15 hs. Llegaron Andrea y Martín, pudimos retomar el viaje ahora bien juntos porque llevaba en el baúl cables con cocodrilos para arrancar un auto sin batería. De todos modos, antes de salir verifico que el auto sí cargaba, por lo que no tenía un problema en el alternador e iba a poder continuar con las luces encendidas sin problema. Pasamos por Trelew, Gaiman y cruzamos hacia la cordillera por la ruta 25 con un paisaje espectacular a lo largo de toda la mesta bordeando el río Chubut. Finalmente llegamos a las 00:30 a Esquel y nos alojamos en la casa del hermano de Andrea para comenzar a preparar todo al día siguiente.
10 de enero, día 3.
Molidos por los 1060 km y sin apuro nos levantamos más tarde para matear y armar las bicis, ordenar las alforjas y hacer alguna compra de último momento. Fue un día de descanso y recuperación, donde dejamos todo listo para salir a hacer un campamento agreste al día siguiente.
11 de enero, día 4, 92 km de pedaleo.
Finalmente salimos pedaleando desde Esquel. La bici se sentía muy cargada y costó adaptarse al peso, más que nada a la inercia en el manubrio por llevar alforjas adelante también. La idea inicial era recorrer 71 km hasta el arroyo Lepa, pero nos encontramos con que el camino estaba cerrado con una tranquera, cadenas y candado, por lo que tuvimos que volver desde la ruta 12 a la 40 desandando 40 km en total, lo que nos llevó a pedalear 92 km para avanzar a mitad de camino, dejando unos 80 km hasta El Maitén para el día siguiente. Por el camino cerrado todo hubiera sido más cerca.
El viento, las subidas, el esfuerzo del primer día nos dejó agotados y en la ruta no hay ningún pueblo donde teníamos que parar. Con poca agua para el día siguiente acampamos debajo de un puente, la ruta está en obra y el puente de cemento se veía nuevo, armamos las carpas entre los caños y tratamos de recuperar algo del esfuerzo. Fue una noche de calambres, por lo que el día siguiente iba a ser otro desafío.
12 de enero, día5, 80 km.
Nos levantamos temprano, desayunamos unas galletitas y salimos a enfrentar la subida que quedaba, el ripio estaba muy suelto y el viento era rabioso en contra. Cuando se planeó l viaje, el viento dominante en el lugar era sur oeste en esta época del año, lo que significaba, tenerlo de costado y algo a favor viajando hacia el norte, pero justo vino una ola de calor que afectó a todo el país y el viento era bien fuerte del norte y con un calor también inusitado. Hicimos el camino racionando el agua, tenía poco más de 3 litros, pero eso es muy justo para el calor y el esfuerzo. Afortunadamente el ripio se terminó y volvió el asfalto, tuvimos un buen tiempo de bajadas y cuando alcanzamos la rivera del río Chubut comenzó a haber más vegetación. Al mediodía tuvimos que parar al sol porque no había ningún árbol cerca que fuera accesible desde el camino. A unos 30 km de El Maitén paramos en un puesto policial donde recargamos agua y confirmamos que el camino cerrado del día anterior era porque pasaba era porque pasaba por un campo que es de Beneton, quien lo cerró. También supimos que la cuesta que pensábamos tomar para seguir desde el Maitén estaba tomada por los pseudo mapuches y la policía no dejaba pasar. También había incendios, por lo que decidimos llegar al Maitén, descansar un día y recalcular los caminos. Seguimos la ruta 1S40 (la vieja 40). Que a 10 km de El Maitén vuelve a ser de asfalto, el tramo anterior está en obra y tiene ripio suelto que es difícil de transitar. Llegamos al Maitén a los 80 km de recorrido que duró entre las 8:30 y 18 hs. A la entrada del pueblo se encuentra el camping municipal, no tiene ningún lujo salvo que se encuentra a lado del rio y en frente casi de la estación de tren de La Trochita. Por lo menos la ducha tenía agua caliente y eso nos permitió aflojar los músculos, esa noche ya no hubo calambres, pero no faltaba mucho para eso. En el camino Andrea nos fue dando sales de hidratación, uno consume unos 5 litros de agua donde casi todo va a transpiración y por ello se pierden muchas sales.
13 de enero, día 6.
La noche del camping comenzó tranquila, hasta las 21:30 que cayó un grupo a hacer un asado y escuchar cumbias con una torre de mp3. El despelote duró hasta que aparecieron los chicos del camping y los silenciaron, de todos modos, los perros de la zona se pasaron la noche ladrando, nos contó luego Marcos (empleado del camping) que habían cortado a ruta 40 por los incendios y desviaban por la 1S40 y toda la noche pasaron autos y camiones frente al camping. En estos casos tener protectores auditivos ayudan a dormir. A la mañana sin apuro desayunamos unos mates y salimos a dar una vuelta por el pueblo. En la oficina de turismo encontramos a los mismos chicos del camping, que, como empleados municipales, trabajaban un rato en cada lugar. Nos compartieron la clave de wifi porque casi no hay conectividad con datos móviles en todo Chubut y nos pusimos al día con los mapas y el clima. De casualidad caímos un jueves, el día que sale La Trochita para hacer un recorrido turístico de una hora y media, una oportunidad única que no íbamos a dejar pasar pasar. Disfrutamos sacando fotos y descansando. El día se nos pasó volando y después de cenar algo nos fuimos al sobre para encarar el camino al Bolsón, por la ruta 70 desandando el camino unos 10 km.
14 de enero, día 7, 55 km.
Salimos de El Maitén con viento a favor y con geniales bajadas, el viento norte duró hasta que doblamos, pero como las bajadas eran más que las subidas, hacer 55 km no fue un gran esfuerzo. Llegamos a las cercanías del Epuyén y paramos un rato en El Balcón, un parador restaurant, a preguntar. Una mujer muy amable nos dio recomendaciones del camino a seguir, en esos momentos apareció otro ciclista (Gerónimo) que luego nos acompañó hasta el Hoyo. Acampamos bajando al río en el camping Las Pitras, un lugar muy bueno a orillas del río Epuyén. El lugar tenía césped, vimos que la gente se concentraba en la parte cercana a la administración y la pileta y nos fuimos al fondo pegados al río donde había mucho más espacio.
15 de enero, día 8, 29 km.
Nos levantamos el sábado bien temprano, después de unos mates y café juntamos lo mínimo en una alforja para alivianar la subida. Puerto Patriada en el Lago Epuyén queda cerca, pero tiene una subida muy importante que a penas pueden subir los autos. Salimos del camping por un camio que bordea el río y comenzamos a subir y subir. En total fueron 12,5 km de subida que se hizo muy intensa al final, la bajada al lago fue de unos 3 km con una gran pendiente.
El lago es espectacular y Puerto Patriada es la cabecera norte del lago, recorrimos la costa, sacamos fotos y después de comer algo encaramos la subida, que fue intensa, pero nos resultó más llevadera que en la dirección opuesta. La bajada fue importante, casi sin subidas intermedias, a penas nivelaba para bajar nuevamente.
Al regresar a la entrada de la ruta 40 encontramos a una pareja belga que venía por la ruta rumbo al Bolsón, equipados con una versión minimalista de bike packing. Estaban algo preocupados por el tránsito de la 40 y el poco espacio que queda para transitar en bici.
Al ingresar al camping nos encontramos con muchas más familias en carpas y casas rodantes, que rápidamente colmaron el lugar. Aprovechamos luego a cargar los celulares en la proveeduría y mandar fotos utilizando un rato el pobre wifi del lugar. En la montaña la conectividad 4G es muy mala, o casi nula, por lo que conseguir un wifi malo ya es un lujo. Antes de salir de El Maitén escuchamos en la radio que llevó Martín que habían cortado la fibra óptica en la zona de Rawson, dejando a la provincia sin internet. Aparentemente esto lo suelen hacer antes de robar alguna estancia de modo que no funcionen los avisos de las alarmas; así la mala conectividad se suma a cortes totales.
A la noche pasadas las 22 comenzó a llover un poco, preludio del mal tiempo que se vendrá en los próximos días.
16 de enero, día 9, 60 km.
Salimos luego del desayuno rumbo al Bolsón, no era muy lejos pero sí en subida. Visitamos el pueblo que estaba lleno de gente. En Turismo la cola era de unas 20 personas buscando información, la feria hippie era un hervidero. Salimos un poco del pueblo y visitamos el cementerio, luego seguimos subiendo hasta Mallín Chico por una buena bicisenda que se veía muy nueva y llegamos a la cascada donde almorzamos. La vuelta fue increíblemente más fácil por la diferencia de alturas.
Es muy notoria la diferencia de servicio que hay entre Río Negro y Chubut, en El Bolsón había 4G que funcionaba, a pocos km, en Chubut los tatos andan con cuentagotas.
El regreso fue con algo de frío porque al atardecer la temperatura cae bruscamente, de todos modos, no había sido un día de calor y cuando se nublaba había que recurrir a una campera.
Al pasar nuevamente por El Bolsón vimos a los aviones hidrantes que recargaban agua y salían nuevamente hacia la montaña para luchar contra algún foco de incendio, que no se veía desde El Bolsón. Con tres aviones de turbo hélice en movimiento, el sonido parecía sacado de una película de la segunda guerra mundial.
17 de enero, día 10, 38 km + 10 km por ahí.
Desarmamos las carpas, armamos las alforjas y salimos rumbo al Lago Epuyén, para parar cerca del Puerto Bonito. Entramos por la bajada que habíamos visto en el parador El Balcón, donde paramos unos minutos a la ida. La bajada era muy empinada que nos hizo exigir los
Frenos, increíblemente luego hubo que subir hasta el lago. Paramos en el camping Refugio del Lago, un lugar muy pintoresco de un francés llamado Jaques. Visitamos el lago desde la bajada del camping y luego fuimos hasta puerto bonito, el camino fue difícil porque había que subir y bajar bastante, peo valía la pena mojarnos los pies en una playa hermosa, donde mucha gente se baña aprovechando que el sol calienta el agua cercana a la costa. Regresamos al camping y luego de una buena ducha la temperatura descendió mucho, fue una noche muy fría. Con fiaca de cocinar comimos en el restaurant del camping, una buena ensalada (única opción vegana en estos lugares) y pizza para Martín y Andrea, todo acompañado por unas birras. Con buena música de fondo, fue un gran contraste con el camping de el Hoyo, donde solo se escuchaba cumbia distorsionada.
18 de enero, día 11, 61 km.
Dejamos el camping y emprendimos la subida, fueron 17 km de trepada contante hasta llegar al empalme de la ruta 40 con la 70, donde nace la ruta 71, entramos en un valle donde había que recorrer sus ondulaciones que eran un descanso después de tanto subir. Se veía una lluvia amenazante sobre la montaña cercana al lago que íbamos dejando atrás. Hasta el mediodía nos acompañó de cerca el paisaje de cortinas de agua, paramos a comer algo en el camino cuando nos aseguramos de que la lluvia ya no nos alcanzaba y seguimos rumbo a Cholila. En la entrada vimos unos carteles del refugio del ciclista y pasamos a saludar. No había nadie dado que se encontraban de travesía por Madryn, nos atendió el vecino que nos mostró el lugar. Dejamos una nota de saludo y un calco de La Loma.
Llegamos a Cholila, pasamos por turismo, donde no sabían explicar claramente como llegar al camping, la señora que nos atendió dio indicaciones vagas de ir para allá hasta una casa y preguntar allí como seguir. Vimos un cartel que anunciaba a 600 metros un hostel y preferimos buscar lago con techo porque iba a llover a la noche. Como era de esperar el hostel estaba lleno, pero el encargado nos ofreció quedarnos en carpa en la entrada por $800 pero sin baño, usó el término baño seco, para decir arréglense como puedan con eso. Como no nos convenció la propuesta nos dio indicaciones (también vagas) para otros alojamientos y se comunicó con uno que ofrecía dormitorios a la salida de Cholila rumbo al Parque Los Alerces. Costó encontrar el lugar porque era más lejos de lo que había indicado en principio, el lugar para dormir era muy chico pero el baño aparte estaba muy bien y todo se veía super nuevo. El dueño Gustavo resultó muy amable, nos dejó poner las bicicletas bajo techo, disponer de un cobertizo con un anafe y un quincho con cocina y wifi (de la vecina), por lo que esperar a que mejore el tiempo no fue tan duro como como la primera impresión al ver “la barraca”. El lugar se llama Lo de Carmela, pasamos la noche y dos días completos más ahí esperando a que mejore el tiempo.
19 y 20 de enero, días 12 y 13, 12 km por la zona.
Los dos días fueron de fiaca y esquivar la lluvia, el miércoles 12 llovió bastante y era impredecible cuando paraba o se volvía a largar. A la madrugada del jueves 13 cayó granizo y el resto del día estuvo lluvioso. En la barraca nos encontramos con gente nueva que venía huyendo del PNLA porque la lluvia y el frio maltrata especialmente a los que no están bien equipados. El wifi del lugar era de la vecina, por lo que había que acercarse a la casa de Lita para agarrar alguna línea de señal y a veces había que esperar a que el router se reinicie, los cortes de luz periódicos se encargaban de hacer el reset adecuado, o de dejar colgado el router.
21 de enero, día 14, 30 km (viernes).
Escapamos de la baraca temprano y encaramos para el PNLA, el camino de ripio mojado era más agradable que seco, tuvimos muchas subidas y bajadas con un paisaje espectacular. Pasamos por la Villa Lago Rivadavia, ingresamos al parque pagando los $260 y pedaleamos hasta el camping organizado Lago Rivadavia que queda pegado al agreste Bahía Solís.
Como llegamos temprano aprovechamos para caminar un sendero de 6 km hasta donde termina el lago en la confluencia del arroyo Colegual y el río Rivadavia. Recorrimos la bahía sacando fotos hasta llegar a donde el lago se angosta.
El camping organizado tiene un grupo electrógeno que provee energía de 20:30 a 24 hs. Para poder cargar los celulares que no servían de mucho porque no hay señal y solo es posible comunicarse por Handy.
22 de enero, día 15, 11 km.
Nos levantamos temprano y desarmamos las carpas, desayunamos y cuando estábamos por salir comenzó a lloviznar, la llovizna luego se transformó en lluvia y utilizamos la ropa impermeable todo el camino.
Los primeros 5 km fueron de una subida moderada, pero el resto fue muy empinada. En un momento vimos desde una curva el Lago Rivadavia que dejábamos atrás y que estaba bien abajo. Seguimos subiendo hasta que llegamos al mirador de Lago Verde. Dejamos las bicis con Martín y subí con Andrea a sacar algunas fotos; es una caminata de una hora, pero vale la pena porque el paisaje es alucinante.
Bajamos luego al lago frenando todo lo que daban las bicis, que a esta altura de venir frenando tanto con los discos mojados ya no era mucho. A medida que se van gastando los frenos hay que ir ajustando el tornillo para ajustar lo que queda de patillas.
Llegamos al camping El Aura donde quedaba solo una parcela disponible. Por un momento paró de llover y aprovechamos para armar las carpas. Improvisamos un toldo sobre la mesa para tener un lugar para estar fuera de la carpa bajo la lluvia y bien que nos sirvió. Comimos algo y hasta dio para una siesta mientras seguía lloviendo. Después de una buena ducha caliente hubo ganas de recorrer el lago sacando fotos. Desde el mirador había visto la playa de arena volcánica amarilla donde había acampado unos 30 años atrás en un bosquecito de arrayanes en un camping libre y agreste, ese lugar pertenece al camping el Aura, los arrayanes están más grandes y hay hasta un muelle para lanchas a metros donde había puesto la carpa años atrás.
23 de enero, día 16.
Como el tiempo seguía igual de lluvioso que el día anterior, decidimos quedarnos un día más en el camping. La lluvia paraba y arrancaba a cada rato. A medida que avanzó el día el clima fue mejorando y las lloviznas intermitentes cada vez eran menores. Aprovechamos para caminar algunos senderos. Tomé uno que estaba marcado que me llevó a la ruta y a un empalme con el sendero al mirador del lago. Después del mediodía Andrea y Martín recorrieron la variante que doblaba para el otro lado (no señalizada) y que lleva al Río Arrayanes. Hubo tiempo para siesta, comer alguna manzana silvestre y terminar las cerezas que Andrea había juntado en el camping del Lago Rivadavia.
24 de enero día 17, 35 km. Del Maitén a los Maitenes:
Llegamos al final del viaje por los lagos. Salimos temprano de Lago Verde, dejamos un camping de lujo (por $1200 como la mayoría de los campings no tan buenos) y arrancamos a subir la montaña. Salir del camping el Aura requirió una trepada mortal de 1 km para llegar al empalme de la ruta. Seguimos trepando hasta ver el Río Arrayanes desde bien arriba. Bordeamos el río y llegamos a la altura del lago Menéndez que no se ve porque queda detrás de una elevación, pero se veía lo que queda del glaciar que está detrás. Comenzamos a bordear el lago Futalaufquen entre subidas y bajadas. En un momento apareció el asfalto que nos acompañó unos kilómetros. En el camino nos cruzamos con Agustín Raffo que habíamos conocido en Cholila y él nos había hecho una reserva en el camping Los Maitenes porque los otros estaban llenos de gente. El camping es muy grande, nos dieron una parcela cerca de un arroyito a unos 200 m del lago. El lago Futalaufquen es muy grande, sacamos unas fotos y volvimos al campamento a tomar unos mates. Las bandurrias del lugar están acostumbradas a la gente, comían galletitas casi de la mano, por lo que se dejaban fotografiar a corta distancia. Los chimangos miraban con envidia, que por ser más desconfiados no se animaban a acercarse tanto para comer.
El viaje lo comenzamos en el pueblo El Maitén como primer destino, terminamos como último camping en Los Maitenes, pero ahora en el lago Futalaufquen, después de recorrer un montón de kilómetros y más que nada, subir y bajar muchos metros.
25 de enero, día 18, 48,8 km. La vuelta a Esquel.
Salimos del camping Los Maitenes habiendo visto el perfil de alturas del recorrido que daba subir y bajar 200m, es decir había que subir y bajar varias veces para quedar más o menos a la misma altura. Afortunadamente ya el camino era de asfalto, había muy buen tiempo y las subidas no eran imposibles, solo constantes y monótonas. Dejamos atrás el PNLA y el paisaje comenzó a cambiar, se hizo más árido, pero igualmente ondulado, en una de las bajadas paré un rato a tomar alguna foto y justo se nos acercó otro ciclista, Ian, oriundo de Alemania que iba hacia Trevelin para intentar cruzar a Chile por Futaleufú. Seguimos subiendo y bajando hasta una curva serpenteante donde la bajada era impresionante, tan pronunciada que hubo que parar un par de veces a dejar enfriar los discos de freno, que pierden peligrosamente su eficacia. El peligro de la bajada parece no preocupar a ciclistas locales que bajaban ¡pedaleando! En sus bicis de carrera a no se cuantos km/h. Luego el camino a Esquel se torna más monótono hasta las cercanías, donde las montañas se ven más cerca. Llegamos cansados pero muy contentos de todo lo experimentado en estos días de pedaleo por paisajes tan espectaculares. Dio tiempo para un baño, desarmar la bici y dejar todo listo para emprender el regreso.
26 de enero, día 19, 1200 km en auto.
Los dejo a Martín y Andrea que se quedaban unos días más en Esquel y salgo para La Plata temprano. Como la ruta estaba tranquila avanzo bastante, paso temprano por Conesa donde fue el punto de parada a la ida, como quedaban un par de horas de luz aprovecho a seguir hasta Río Colorado y paro en un hotel de la ruta para descansar a la noche.
27 de enero, día 27, 877 km en auto.
Salgo después de un pobre desayuno y le meto pata hasta Olavarría donde paro a cargar combustible y estirar las piernas. Desde allí Google me recomendaba la ruta 3 en lugar de la 205 por Roque Pérez, dando una hora menos de recorrido y esta vez le hice caso. Efectivamente es una hora menos, pero hay que adelantar un millón de camiones en una ruta angosta con mucho tránsito de ambas manos, es algo que demanda atención y no es recomendable hacerlo cansado. Lo de los camiones es un gran problema en la ruta 3, pero en la 51 por donde había venido también había bastantes y fue por esta razón que me animé a tomar la 3, dado que era un despelote por cualquier camino. Al salir de la ruta 3 en San Miguel del Monte encuentro con que están repavimentando la 215 que estaba destruida y por tramos cortaban una mano, las obras llegan hasta Loma Verde donde el camino ya está bueno. Al llegar a La Plata para evitar los semáforos de la calle 44 y entro por la 66 que finalmente estaba terminada hasta R36 y llegar a casa fue fácil.
Guillermo Moreira