Expedición Correas – Oliden

Relato de Gabriel
Bueno… nuestro ciclo turismo aventura comenzó desde muy temprano, nos juntamos en el punto de encuentro preestablecido a las 9 de la mañana, éramos 10 ciclistas, al cavo de algunos minutos, emprendimos la partida por calle 131 hasta 68 doblando a la derecha y en ciento cincuenta y pico… a la izquierda hasta que se corta el asfalto, y ahí en ese momento comienza la parte más linda de la pedaleada en la cual pierdo todo tipo de orientación, y creo que a la mayoría de los chicos les pasaba lo mismo. Esta sensación hace que el viaje sea aún más interesante, ya que nos internamos dentro del campo transitando por calles rurales, que nos llevan a lugares de imponente belleza, con hermosas arboledas, plantas y animales.
Nuestro primer destino directo fue llegar a Oliden, alrededor de las 12 del mediodía, para ello, además de ir por las calles que el grupo acostumbra a transitar, esta vez le pusimos en toque de aventura, ya que existió la posibilidad de mandarnos por un camino nuevo, el cual experimentamos todos juntos, este pertenecía a las vías del tren, que ya no se encontraban a nuestro paso. Fue un trayecto nuevo, duro, y desafiante, la verdad re bueno, nosotros mismos hacíamos nuestro camino porque el pasto estaba todo crecido… y algúnnnn que otro CARDITO… con pequeños pinches jajajaj… bien, para llegar al final del camino no estoy seguro pero habremos saltado los alambrados 5 veces más o menos con las bicis, nos ayudamos entre nosotros y superamos estos obstáculos sin ningún tipo de problema, salvo alguna enganchadita con la media en las púas de los alambres pero sirvió para reírnos de algo más en el viaje.
Después de tanto traqueteo, finalmente llegamos al asfalto que fue “muy bienvenido en ese momento”, llegamos a destino (Oliden), y paramos en la puerta de la panadería del pueblo. Cabe destacar la belleza del mismo, muy tranquilo y prolijo, nos sentamos a la sombrita ya que el sol había empezado a pegar un poquito, y lógicamente empezó la mateada y la organización de la comida. Uno de los muchachos fue a comprar fiambre para todos, mientras nosotros nos encargamos del pan y la “gaseosa” jajaj (el pela se va a reír de esto). Estos momentos son siempre muy gratos ya que nos ponemos a comentar el viaje, nos conocemos entre nosotros, nos reímos de chistes entre mate y mate.
Luego de un rato de descanso partimos nuevamente en busca del pueblo Ignacio Correas que se encontraba a algunos km, cuando cruzamos la ruta paramos en la vizcachera, con los muchachos la bautizamos así, ya que el dueño, dice, vende las mejores empanadas de Vizcacha, que entre paréntesis voy a regresar a probarlas… Este es un parador de la ruta para tener en cuenta, retomando el viaje, entre rectas, curvas, viento, y silencio campero finalmente llegamos a Ignacio Correas, paramos en el almacén del pueblo a descansar después de una larga recta que tuvimos que hacer para llegar. Cargamos las caramañolas de agua fresca, y como no podía faltar se armo otra mateadita para el deleite, mientras a una de las bicicleta se le dio por pincharse, cuando la arreglaban, divisamos que dentro del almacén, en un cuartito al costado, funcionaba o mejor dicho funciona una FM. Se llama FM Ignacio Correas 90.7, conducida por su creador y locutor Andrés que muy amablemente nos convido con mate y hasta nos paso un saludo para los muchachos del Grupo La Loma, fue lo más, de un momento al otro nuestro grupo salio nombrado al aire de una emisora local… Gracias Andrés!!!
Luego del descanso y de reparar la bicicleta, partimos para Arana, (localidad próxima a Correas), llegando por las vías del tren, desembocamos en calle 640 y a partir de ahí tomamos el asfalto hasta la plata separándonos a la altura del cementerio.
Mi conclusión del viaje es que no hay nada más lindo que conocer lugares nuevos gente copada con buena onda dispuestos a pasarla bien, haciendo lo que nos gusta, compartir salidas y estar en pleno contacto con la naturaleza.
Finalizando este relato, aprovecho para agradecer que me otorguen este espacio, les dejo un saludo grande a todos los que fueron y perdón que no nombré a nadie pero, no me aprendí los nombres… y a los que nunca vinieron a compartir estas salidas que se animen y se prendan que están buenísimas.
Saludos, Gabriel
Relato de Luis «El Pela»
El dia soleado, invitaba a sentir la brisa de otoño en la cara, con el andar de la bici.
Ese y el siempre vigente deseo de pedalear con amigos por caminos rurales, eran motivos màs que suficientes para entusiasmarse con la propuesta de una salida de nivel exigente. Tal vez, no tanto por el tipo de sendas a transitar, como por el ritmo desarrollado.
De todas maneras, ésta no fue una salida muy numerosa ya que éramos solo 10 “varoncitos” los que nos juntamos en 131 y 44 a las 9 de la matina (alguno de los nombres que recuerdo: Matías, Diego, Daniel, Eduardo, Gustavo, Nicolás, Julio, Gabriel, yo y otro màs, cuyo nombre no recuerdo pero lo tengo presente pues vino a estudiar de Carlos Casares y tuvo la amabilidad de sacarme de una difícil situación que luego contaré…).
Parece que las “nenas” del grupo prefirieron el reposo antes que la exigencia…Una pena, nosotros las extrañamos y ellas se la perdieron jaaaa….
Siendo las 9,15 salimos y media hora después, ya estábamos en pleno campo, camino a la zona de Poblet, por el mismo tramo que tomamos en la nocturna del jueves.
Al llegar al lugar donde generalmente doblamos a la izquierda para ir al boliche de Yiya, seguimos derecho por el campo abierto, hasta llegar a las vías.
Una vez sobre ellas, dimos inicio a la parte màs “heavi” de la travesía. Por allí, transitamos varios km entre cardos, arbustos plagados de puntiagudas espinas y tramos que al estar intransitables, debíamos bajar del terraplén y seguir pedaleando paralelo a éste por el pasto.
Nadie decía nada, por cábala, pero la verdad que todos íbamos pensando en qué momento pincharíamos, pues las espinas nos acompañaron en todo momento: Tuvimos suerte en toda esa parte del recorrido, no sufrimos una sola avería.
A esta altura del camino, el sol pegaba fuerte y la hidratación se hacía necesaria, pero ya no había kiosco cercano, por lo que el avistaje de un molino de viento echando agua sobre un tanque australiano me sedujo a correr en su búsqueda.
Pero todo tiene su precio, ya que para acceder al mismo había que sortear un alambre de púas, una de las cuales penetró en mi media impidiendo que me pudiera mover quedando en una ridícula posición con un pie en el piso y otro allá arriba incrustado con la puta pua…
Mi nula elongación impedía moverme demasiado, por lo que de no haber sido por la ayuda del amigo de Carlos Casares todavía estaría allí cual estatua rural…jaaaa.
Superada la situación me zambullí en ese maravilloso chorro de agua fresca y pura tomando, primero de él y luego cargando mi caramañola y la de otros compas (solo la de los que se animaron a tomar agua “silvestre” ya que el resto la miraban con desconfianza pensando en el dengue jaaaaaaaa)
Repuestas las energías luego de la hidratación, continuamos por el mismo camino hasta llegar al punto donde las vías se cruzan con la calle de ingreso a Oliden (primero de tierra y en los últimos km de asfalto).
Tan bueno fue nuestro ritmo que eran las 12 del mediodía cuando ya estábamos saboreando los hidratos de la famosa panadería “La Olidense”, junto con el fiambre que había comprado Daniel y las gaseosas que aporté yo. (motivo de cargada de Gabriel en su relato por el precio de la misma: el litro y medio a $5,5 ¡!!. No importa, el mismo Gabriel se encargó de compensar ese mayor gasto, mangueandole yerba y todos contentos por ello y el excelente nivel de sus mates jajaaa)
Hicimos un buen rato de huevo y a seguir pedaleando…no sin antes sacarnos la foto grupal en una pulpería de la zona (obvio que a esa hora del día estaba rigurosamente cerrada, pero relojeando con “la ñata contra el vidrio”, se veían claramente los “muertos” de la noche anterior con botellas y vasos por todos lados …)
Ya sobre las bicis, se nos hizo difícil alcanzar el ritmo de la mañana, pues el sol pegaba bien fuerte y la pesadez del almuerzo, nos brindaba cierta pereza de cadencia jaaaa…
De todas maneras, de a poco fuimos mejorando en el rendimiento mientras avanzábamos rumbo a Correa.
Luego de un rato, llegamos a otro boliche de campo que Gabriel muy bien bautizó, supongo que será también por su afición al folclore, como “la vizcachera”, donde nos hidratamos y seguimos derechito rumbo al “camino de los árboles que une Bavio con Correa y que nosotros lo cortamos en la mitad del mismo, girando a la izquierda hasta llegar al cruce del otro camino, màs ancho, que une la ruta 36 con Correa.
Ahora, el viento daba de jeta, por lo que se aconsejaba ir a rueda, cosa que hice acompañado de los amigos (Gabriel y Nico) que iban escuchando folcklore de buena sepa en lo que parecía ser un mini pelotón musiquero jaaa..
Al llegar a Correa, nuestra parada obligatoria en el Almacén del Beto, donde siempre nos tratan tan bien ¡!!!., Gabriel siguió con la buena costumbre de conseguir yerba de prestado, disfrutado la calidad de los mismos, mientras todos presenciabamos la prolijidad en la reparaciòn de la pinchadura de Gustavo, hecho que Matias se encargò de aprovechar para gastarlo por todas las veces que èl lo hizo en los ùltimos mails de pùblico, de los que doy fe, Gustavo cumpliò su promesa de ratificar sus dichos jaaaaa
Pero, no contentos con ello, tambièn hubo “algo màs”….
Tal como comentò Gabriel en su relato, tuvimos el honor de compartir un momento con con Andres, productor del programa de radio de la FM 90,7 quien muy gentilmente nos pasò al aire y nos lo dedicò al Grupo La Loma, el tema que le pedimos: El Angel de la Bicicleta, cantado por Leòn Greco. Luego, mientras pedaleabamos rumbo a las vias, escuchando su FM, Andres nos hacia propaganda desinteresadamente sobre la pàgina del Grupo.
Muchas gracias Andres ¡!! Te deseamos lo mejor en este proyecto tan lindo que le estas dando vida.
Luego de sortear el tramo de las vias, llegamos a la calle 640, donde perdimos al amigo Julio y después de esperar un ratito, seguimos hasta alcanzar la 137 y de allì al hasta el Cementerio, gracias a Dios, sin tener que lamentar ninguna muerte pues dicha necrópolis, fue nuestro destino externo y no interno jaaaaaaaa .
No obstante, al menos yo, estaba muerto de cansancio ¡!! y por lo visto y comentado por allì, no fui el unico no? Jaaaa
Luego, cada uno siguió el recorrido que màs le convenia y nos fuimos despidiendo después de haber hecho aproximadamente unos 90 km a un intenso promedio de 19,5 km/h
Un gusto haber compartido este dìa con ustedes, ya sea con los que hace rato conozco y con los que conocì horas antes.
Serà pues hasta la pròxima salida que nos llevarà a vivir nuevas aventuras con amigos hermanados en la pasiòn por pedalear en caminos rurales.
El Pela